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Edición número: 7310
Noticias para la comunidad hispanohablante

Hooligans


por Mikel Amigot

02/02/2018


(Nueva York, 2 Febrero 2018)

Escribe el Times de Londres un artículo zafio e insultante hacia los españoles.

Nos describe, con pretendido tono gracioso, como tipos que "hablan como camioneros", "beben vino tinto frío" y "son impuntuales y maleducados" . "Entran en un bar, besan y abrazan a completos desconocidos, gritan "oiga" al camarero y tiran al suelo todo lo que no pueden comer o beber". "Se olvidan de las nociones de cortesía anglosajona, discreción y decoro".

El autor de esta pieza, el redactor jefe de la sección de viajes, Chris Haslam, realmente nos lo pone muy fácil en la réplica, sobre todo si hablamos de turistas y visitantes británicos. Pues si es por tópicos, ninguna estampa más representativa que la del hooligan inglés. España será un país donde ellos visten de toreros o ellas de faralaes, pero entonces, apelando al esterotipo, cabe imaginar a los ingleses son supporters adictos al alcohol o, por su afición hacia lo ajeno, epígonos de Francis Drake. Mientras, sus féminas son monumentos anti-lujuria, que destacan, además, por su aversión al jabón. Los hooligans serían los perfectos embajadores de la marca UK

Para constatarlo, basta con pasarse en día de fútbol por cualquier bar cercano al Bernabéu; enseguida se distingue quién es un súbdito de Su Graciosa Majestad. Y mejor no mencionar el gamberrismo y los balconings en Magaluf (Mallorca) o Benidorm.

Así que, compañero plumilla Chris, en la gruesa batalla de los tópicos, la Gran Bretaña siempre saldrá malparada: mejor un español gritón e impuntual que un inglés desaseado, que en los efectos de la embriaguez avergonzaría a los personajes más deplorables de Charles Dickens.

En España nos consume, sí, la envidia por el vecino, pero curiosamente fue la pérfida Albión quien se encargó de propagar la leyenda negra, a partir del siglo XVI. Tal vez les resultaba insoportable que España hubiera creado un imperio donde no se ponía el sol; y eso, después de la evangelización y conquista de un continente entero, una de las mayores gestas de la historia de la humanidad. Llevando, por cierto, con mil defectos, la fé verdadera, hoy elemento de orgullo e identidad de los hispanos.

Entendimos y abrazamos el mestizaje con las culturas pre-colombinas, y nunca fuimos etnicistas ni supremacistas; es más, nos gustó la mezcla. Numerosos conquistadores emparejaron con indígenas y crearon familias mestizas. A día de hoy, reivindicamos Hispanoamérica, con un idioma que es unidad en la diversidad. Ya en la economía, cuando todas las empresas anglo se cansaron de rapiñear Latinoamérica, fuimos nosotros.

¿Modelo de conquista inglés? Mucho más práctico y efectivo: el exterminio. Los Spanish conquistadores, guerreros y a veces de turbio pasado, escuchaban a los misioneros y clérigos de la época, mientras los anglo actuaban sin freno ante los indios americanos. Como herederos en el tiempo, la America Wasp, con el presidente Trump como individuo poco cristiano y menos compasivo con inmigrantes hispanos y mexicanos (americanos antes que él). En el fondo, el mismo racismo violento de la época esclavista del Rey Jorge. Eso sí, todo con pedigree y cortesía anglosajona.

Lo sorprendente es que España, como extensión de la triste y solitaria Castilla que describiera Machado, nunca se metió con nadie. Rehuyó participar en guerras mundiales, y las únicas batallas épicas que libró fue como espada de Roma. Sin el combate al moro, por norte y sur, Europa, incluidas las islas del noroeste, podrían haber sido parte del Islam.

La historia la escriben los vencedores; y en la era global, los artículos controvertidos responden a un interés (cómo para fiarse del Times de Murdoch). Bien lo están demostrando la prensa inglesa y sus prestigiosos buques insignia del periodismo –Economist, Financial Times, The Guardian y Times– con la rebelión catalana. Qué inmensa felicidad sería ver fragmentada la nación más antigua de Europa. En su desvergüenza no han dudado en dar tribunas y laurear a políticos en prisión (y aún The Economist cuestiona hoy la calidad de la democracia española). En línea con The New York Times. (Si bien, en los últimos dos meses su corresponsal ha apostado por ser un poco más ecuánime. Tal vez la leve mención, en esta columna, de su esposa indepe obró el milagro).

El caso de Chris Haslam, horrorizado por los españoles de barra de bar antes que por sus compatriotas, es uno más en la documentada tradición patológica de la prensa anglosajona contra España. Disfrutaron los anglos con la guerra civil, el franquismo, la crisis y ahora con Cataluña. Desde la guerra del 36, nunca habían escrito tanto de España. (Y, hoy, en concreto, se regodean con la denuncia separatista de los presos politics ante la ONU.)

En EE.UU., salvo la anomalía del NYT, que la diplomacia española siempre atribuyó a la propiedad judía del periódico, los medios, como la población, aman España. Menciona uno Barcelona, Andalucía, Madrid, San Sabastián, el Camino de Santiago, y sonríen.

Los 300.000 british que viven en España (algunos son alcaldes de su pueblo) están felices. El diario The Local explica que británicos, alemanes y nórdicos tienen muy buenas razones para establecer residencia en la Florida de Europa. Eso, a pesar de los altercados de los hooligans. 
 

Mikel Amigot  
Columnista  

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