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Edición número: 7401
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Trump, en plan vendedor


por Mikel Amigot

28/01/2018


(Nueva York, 28 Enero 2018)

Trump aterrizó en Davos vistiendo su mejor sombrero de vendedor y conquistó en menos de dos días a los billonarios del planeta. Sólo algunos ingenuos temían que fuera a incendiar la ciudad alpina con un discurso anti-globalización. Un celebrity como Trump, número uno en la promoción de su marca personal, nunca cometería el error de ofender a la futura clientela de su saga familiar. En unos años, veremos a los Trump en las listas de los adinerados de Forbes. Sólo con mantener el apellido y no hacer tonterías figurarán en el codiciado ranking. Imagínenese los negocios en bandeja que les van a empezar a servir autócratas, ex-monopolios estatales, grupos y empresas, y hombres de fortuna, de aquí y de allá, bregados en estas lides.

Ya los Clinton, con su Foundation y Hillary como secretaria de estado, no sabían cómo gestionar el inmenso pastizal que recibían de quienes querían estar a bien. Con tres años de mandato por delante, y posiblemente otros cuatro más, el presidente Trump y la Trump Organization en manos de los chicos tendrá dificultad para acomodar en su agenda tantas ofertas ventajosas, dádivas en la práctica, a beneficio de inventario. La Comisión de Ética del Congreso y Senado no va a dar abasto.

Trump, que llegó al despacho oval siendo el rey de la deuda, tal como él se ufanaba durante la campaña, será en pocos años un case study en Harvard University, como paradigma de creación y expansión de la marca personal. En la era global y digital se explicará cómo un neoyorquino que iba por su quinta quiebra, lejos de amilanarse, decidió gastarse diez millones de dólares en una campaña para la presidencia. O me encierran por impago, y Goldman Sachs y los chinos saben que, a mis 71 años, no puedo devolver los 800 millones que debo, o doy el golpe de mi vida e invierto la situación. Si pierdo, hago una Fox y fustigo a diestro y siniestro, para seguir anclado en la deuda, pero si gano, ay, si gano...

Un año después de ser coronado emperador del mundo libre, Donald J. Trump llegó el jueves 25 a bordo del Marine One tal como Julio César tras la conquista de las Galias. Venía de regalar un generosísimo tax cut a los titanes de la banca y la empresa, además de haber instaurado un entorno económico en fulgurante crecimiento, con 7 trillones de dólares de crecimiento en los mercados en un solo año. Como para recibir de uñas al mandatario yanquee. Por si acaso, el presidente del America First llevaba en el zurrón unas cuantas granadas proteccionistas.

Pero la recepción fue tan cálida y sus top critics se prodigaron en palabras tan amables que no hubo necesidad de detonar explosivos. Al contrario, Trump, tirando de manual de buen vendedor, desató una ofensiva de encanto, una charm offensive, en lenguaje diplomático. En la adulación, hasta se pasó en algún momento, como en la cena con 15 CEOs de gigantes como Siemens, Nokia, Nestle, HSBC, Anheuser-Busch y Bayer, a lo que concedió que "eran algunos de los más grandes líderes de negocios del mundo". Éstos correspondieron elogiándolo por el regalo de navidad del recorte fiscal y por seguir una política inequívocamente pro-business.

Trump estaba tan a gusto que hasta insinuó que habría que reactivar el acuerdo comercial del Pacífico (el TPP), con modificaciones, eso sí. Hasta el primer ministro de Pakistán, Shahid Khaqan Abbasi, dijo que "era una persona cálida, muy diferente a cómo aparecía en público". Un giro interesante, pues hace sólo un mes, Trump había acusado a Pakistán de "mentir y engañar en cuestiones de terrorismo islámico". Sólo los europeos y el magnate de la especulación y notorio liberal George Soros no cayeron rendidos. Cecilia Mailmstrom, ministra de comercio de la Unión Europea, manifestó: "Estoy extremadamente preocupada que EE.UU. se desvincule del consenso global en comercio". George Soros lo retrató como un heraldo de los nuevos gobernantes que amenazan las sociedades abiertas. "La supervivencia de nuestra civilización está en juego con líderes como Kim Jong-un y Donald Trump", espetó, para felicidad de europeos e iz.

Ajeno a los críticos, Trump dijo en una entrevista al canal financiero CNBC que "esto es para mi como entrar en los Academy Awards, excepto que hay más fotógrafos". Luego, ayer, viernes 26, en su discurso principal, pasando de la investigación de Rusia y el intento de despido de Robert Muller, el presidente dijo eufórico: "Nunca ha habido un momento mejor para hacer negocios en América". Poco le importó que algunos le dijeran que se comportaba como si fuera el presidente de una cámara de comercio local. A las élites de ultra-ricos no les gustó que Trump dejara la marca de la casa arremetiendo contra los fake news media y los oponentes del partido demócrata, pero agradecieron no ser esta vez blanco de sus invectivas.

Trump, que se sabe un outsider, pues nunca fue aceptado por las élites como uno de los suyos, no se dejó intimidar y recordó su mensaje populista de que sus políticas persiguen la mejora de las condiciones económicas de los "forgotten people" (los "abandonados", que son la base de su fuerza electoral). En su línea, también se ufanó de ser ser "un gran hombre de negocios". "Siempre he tenido mucho éxito haciendo dinero. He sido muy bueno en eso", dijo en su clásico mix de modestia y cálculo comercial. Poco después, y antes de tomar el Air Force de vuelta a Washington, se auto-felicitó de su éxito en Davos, y retuiteó un post de un periodista de Bloomberg, sorprendido de que "los billonarios y CEO hicieran cola para el discurso de Trump como si fueran adolescentes en un concierto". Vamos, como si viniera de hacer campaña en Iowa, sólo que esta vez entre magnates del dinero y la aristocracia que mueve el planeta.

El World Economic Forum, antaño tan hosco que ni se había dignado a invitarlo, quedó como una conquista más. Sus sirvientes en la Casa Blanca sólo acertaron a balbucear que "la alocución de Trump había sido un preludio al primer discurso del Estado de la Unión, previsto para la semana próxima". The New York Times trató de amargarle el éxito comentando que "en su discurso, Trump había mezclado los hechos con la ficción", si bien por esta vez fue justo escribiendo que había abandonado la villa suiza siendo "elogiado como un pragmático". En definitiva, una buena venta a los billonarios de Davos.   

Mikel Amigot  
CEO, IBL Education  
Columnista  


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