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Edición número: 7310
Noticias para la comunidad hispanohablante

Objetivo: Rivera y Arrimadas


por Mikel Amigot

21/01/2018


(Nueva York, 21 Enero 2018)

Empieza a resultar muy preocupante el ahínco de Mariano Rajoy por aferrarse al cargo. En esto es, sí, tremendamente español: el político encadenado al despacho hasta que la Guardia Civil, o las urnas, lo desalojen. Rajoy ya comentó el 14 de noviembre en una entrevista radiofónica que él "se sentía muy bien" y se presentaría a un tercer mandato presidencial. Ayer, sábado 20, en Sevilla, apareció guerrero, y prometió una áspera contienda electoral contra Ciudadanos, que se librará "barrio a barrio y casa a casa". El líder del PP dejó claro que había activado la maquinaria electoral del partido, y llamó a la movilización de la militancia. El objetivo, diferenciarse de la formación de Albert Rivera e Inés Arrimadas, ahora que las encuestas empiezan a darlos como ganadores.

En las democracias occidentales, donde la seguridad y el avance económico se dan por hechos, el factor clave es el candidato electoral. Votamos, en buena medida, guíados por el sentimiento. Es casi como comprar un coche nuevo. Damos por descontado que el vehículo andará; se trata de identificarse con su marca. Rajoy, con su único mensaje de "somos el partido del empleo y la economía", esta vez, no ganará, salvo que los adversarios sean nefastos. Vivimos en tiempos exigentes, y el mandatario español no está a la altura.

Su partido es un compendio interminable de casos de corrupción, y una buena parte de dirigentes históricos recibió sobres con dinero opaco, que no declararon al fisco, lo cual es, además, un delito. En las últmas elecciones, el votante perdonó esto, puesto que socialistas y comunistas también estaban envueltos en casos oscuros. El cuarto partido, Ciudadanos, estaba limpio, pero era un voto inútil y políticamente fluctuante: a veces socialista, a veces conservador.

El supremacismo catalán ha cambiado el panorama, introduciendo un factor nuevo, determinante: el sentimiento de nación española, con su plasmación práctica de las banderas en los balcones. Esta circunstancia ha obligado a los partidos a tomar postura. Tres de los cuatro partidos no han pasado el examen:

  • El PP gobernante, con sus vacilaciones en la aplicación del artículo 155, operación diálogo con los catalanes, el desamparo de las fuerzas armadas y el pacto con los nacionalistas vascos, ha quedado expuesto como un partido tímidamente español.
     
  • El PSOE, con su franquicia catalána taimadamente pro-independendista y su ridículo discurso de la "nación de naciones", ha proyectado todavía una mayor imagen anti-patriótica.
     
  • La ultra-izquierda de Podemos, con su secretario general Pablo Iglesias, partidario de un referendum de separación, aliado de los anti-constitucionalistas catalanes, amigo de Otegui y del radicalismo vasco, ha entrado, simplemente, en caída libre (para beneficio del país).
Es sorprendente que los profesionales del voto no se hayan enterado aún que el sentimiento español va a ser, en un contexto de economía estabilizada y con un nivel de corrupción soportable, el elemento concluyente.

El españolito de a pie, avergonzado de los desmanes y trapacerías de la clase política, ha establecido una línea roja: la integridad territorial. La izquierda sociológica, que tradicionalmente veía la bandera como un símbolo medio franquista, ha dado un giro, por causa del conflicto catalán, y ha colocado la insignia española en los balcones. El sentimiento ya afloraba con la selección española de fútbol. Pero una vez concluían los partidos se evaporaba hasta la siguiente eurocopa o mundial.

Ahora es diferente. Basta con observar el nuevo patriotismo español que corre por YouTube y las redes sociales. Muchos jóvenes, especialmente quienes han viajado, y más si son Erasmus y han vivido en países occidentales, se han dado cuenta de que España no está tan mal. Muy al contrario: a pesar de los políticos y los monopolios del IBEX adheridos al poder e impidiendo la innovación, está muy bien.

Numerosos vídeos reflejan ese orgullo de ser español (vean éstos: vídeo 1;  vídeo 2). Un fenómeno impensable, que va a marcar las siguientes contiendas electorales. Los políticos van a tener que apuntarse a cursos de patriotismo urgente si quieren salvar los muebles. La mayoría no pasa el test, y sería mejor que se hiciera a un lado, empezando por Rajoy, Sánchez e Iglesias, con sus guardas pretorianas y ejércitos de buscavidas.

Ciudadanos, que denuncia sin complejos el golpe de estado catalán y se opone al cuponazo vasco, parte con ventaja, y de ahí el favor de los sondeos. Pero debe entender qué ser español es algo más que defender una bandera y poner freno al nacionalismo voraz. Si quiere ganar al PP, debe dar la batalla de los valores. Presentándose como un partido abortista, pro ley de género y transexuales y anti-Iglesia católica no llegará lejos. La UCD centrista no cometió ese error. En España, al igual que los separatistas, los ateos y anti-clericales (o masones), no gustan ni encajan en el día a día.

Se puede ser más o menos creyente, pero la tradición cuenta, y mucho. Andalucía, por ejemplo, es socialista, pero la Semana Santa y el Rocío son intocables. Las procesiones de Semana Santa, los belenes de Navidad, los Reyes Magos, las Catedrales, Santiago de Compostela, el Pilar de Zaragoza, Covadonga, la Cruz de Caravaca, el Camino Lebaniego, Santa Teresa de Ávila, Loyola, Javier, Montserrat, la Sagrada Familia y todas las manifestaciones cristianas son algo más que eventos históricos y oportunidades turísticas. Son focos de luz y buenas ideas que han mantenido unido al país y conformado la idea de España.

La vieja Hispania, que adquirió forma hace cinco siglos con la reconquista y la unión de los reinos, no es una nación de laboratorio en busca de su identidad, necesitada de oportunistas de última hora. Mariano Rajoy, en coche oficial desde 1982, es, definitivamente, el pasado. Y Albert Rivera, o, mejor aún, la andaluza-catalana Inés Arrimadas, pueden ser el futuro, por inexpertos que sean (ya aprenderán; para ser político hoy basta con ser honrado).

Pues, salvo que aparezca de pronto un empresario o gestor estilo Amancio Ortega que se lance al ruedo público, habremos de optar por un político español limpio y sensato que entienda bien qué es España y qué conviene a la nación más antigua de Europa.
 
Mikel Amigot  
Columnista  

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