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Uber con Teslas y otros inventos


por Mikel Amigot

19/01/2018


(Nueva York, 19 Enero 2018)

En espera de que los Uber del futuro sean autónomos, sin conductor, Madrid ofrece hoy una de las experiencias de transporte urbano más sofisticadas. Unos 75 Tesla S eléctricos se ofrecen a través de la app bajo el nombre de UberONE.

El servicio cuesta casi el doble que un Uber normal, y aunque sea por una sola vez, merece la pena probarlo. En lugar de pagar, pongamos, 15 euros por un trayecto, uno puede abonar de 25 a 30 euros. El conductor ofrece un botellín de agua, y pregunta, con impostada cortesía, por la temperatura y emisora de radio deseada.

Además de Tesla (85.000 euros ha costado cada uno), existen otros 700 vehículos acogidos al sistema Uber en Madrid. Frente a esta modernidad, hay unos 16.000 taxis blancos tradicionales. Éstos no son nada dados a zalamerías. Circulan escuchando la estación de radio que quieren, a más o menos volumen, también a su antojo, y ni ofrecen agua ni someten a consulta su estado higiénico. De cuando en cuando, uno tropieza con un catedrático urbano que lo ilustra sobre política y economía, sin preocuparse de la corrección o no de sus opiniones. Un analista espontáneo por el precio de un trayecto. 

Los taxistas de toda la vida no van a modificar sus hábitos de la noche a la mañana por la competencia. La presión no es todavía agobiante: Uber, y su competidor español Cabify, sólo operan en la ciudad de Madrid. Cuentan con un total de 2.500 vehículos, y otros 2.000 que se irán añadiendo en 2018.

En ningún otro punto de España están autorizados Uber y Cabify.

Este ecosistema de taxistas y ubers se desenvuelve en entornos de negocio muy diferentes. Las licencias de taxi se comercializan en el mercado a 140.000 euros; el taxista debe financiar, además, su coche. Cada licencia de Uber, acogida al régimen de conductores privados, se ha vendido a 65.000 euros, y son empresas de transporte quienes explotan el negocio, contratando a conductores, que funcionan como trabajadores por cuenta ajena.

La presión de la industria del taxi es intensa, y jueces y políticos no han admitido el argumento de Uber de que su servicio es una simple app que conecta conductores privados con viajeros. En España y Europa, Uber y sus imitadores son considerados empresas con todas las de la ley, por mucha tecnología algorítmica que utilicen. Lo digital no cuela, han venido a decir los Tribunales, frenando en seco la expansión de Uber.

Entretanto, en Nueva York, la situación es la contraria. Manhattan, por ejemplo, está inundada de vehículos de pago, ya sean taxis o coches manejados desde smartrphones. En total, circulan alrededor de 103.000 coches, más del doble de los 47.000 que se contabilizaban en 2013. De ellos, 65.000 son Uber y sólo 13.600 son taxis amarillos autorizados por la Taxi and Limousine Commission

A consecuencia de este fenómeno explosivo de las ride-hailing apps la congestión del tráfico se hace cada día más insoportable. La velocidad media en Midtown Manhattan ha bajado en cinco años de las 6,5 millas por hora a 4,7 millas por hora. El culpable de este caos habían sido hasta ahora los camiones y furgonetas de reparto. Ahora son las berlinas, en su mayoría de color negro, que andan circulando sin pasajeros en espera de ser contratados. Un estudio demuestra que el tiempo medio que permanecen sin ocupación es de 11 minutos, frente a los 8 minutos de los taxis amarillos.

La solución propuesta por los políticos locales es una tasa anti-congestión que pagarían los viajeros, aunque la idea no está fructificando.

Cualquiera que intente cruzar Manhattan de lado a lado de la isla –por ejemplo, desde los aeropuertos en Queens al West Side– durante un día laboral se percata que a menudo llegará antes a pie. Y ya ni siquiera los Uber sin conductor –y Uber planea comprar 24.000 Volvo SUVs autónomos– solucionarán estos embotellamientos.

¿Entonces, qué? En el Silicon Valley hay ahora mismo 19 compañías desarollando "flying cars" , incluyendo fabricantes tradicionales como Boeing y Airbus. Este noviembre, Uber anunció, con un video futurista, que en 2020 tendrá en funcionamiento en Los Ángeles su servicio de aero-taxi de coches voladores, posiblemente sin conductor. Para ello, ha firmado con la NASA un acuerdo para crear un sistema de control de tráfico aéreo. ¿Ciencia ficción? Menos de lo que parece. Uber, Teslas, drones aero-taxis... la secuencia de avances tecnológicos es imparable; así que mejor admitirlo y, si se puede, disfrutar de la experiencia. 
 

Mikel Amigot  
CEO, IBL Education  
Columnista  

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