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Edición número: 7242
Noticias para la comunidad hispanohablante

Spain First


por Mikel Amigot

03/12/2017



(Nueva York, 4 Diciembre 2017)

El martes 5 empieza la campaña electoral en Cataluña, y el miércoles 6 se celebra en España la festividad de la Constitución. A estas alturas, cada cual tiene su opinión formada, y, a grandes rasgos, la situación parece clara. Así lo ve este comentarista desde Nueva York, en ocho apuntes:

1. La mitad de los catalanes, la que se hace oír, quiere la independencia y, aunque se resigne a que la separación se posponga, no va a renunciar a ese objetivo, por más concesiones obtengan de Madrid: Hacienda catalana, referéndum, estado plurinacional, condonación de la deuda de los 52.000 millones de euros, amnistía a los "presos políticos", etc. Todo es bienvenido a la butxaca, al bolsillo, pero en absoluto desdibuja el objetivo final. La idea de la república está esculpida a fuego en generaciones de niños y jóvenes catalanes, y es irrenunciable

2. Es de imaginar que los políticos de Madrid han hecho el mismo diagnóstico, por lo que, en su deseo de pervivencia, su propósito es ganar tiempo, intentando rebajar la tensión, antes de que los hechos obliguen a una jubilación forzosa. No es ideal pasar a la historia con deshonor y, tal vez, ser marcados como traidores, pero peor es no tener un sueldo de retiro. 

3. Esta crisis nacional, tras la amenaza de que un territorio se independice y aliente a otras regiones a seguir la misma senda, no es suficientemente grave para que los cuatro partidos, PP, PSOE, Ciudadanos y Podemos, renuncien a la fijación electoral y antepongan el interés del país. El sistema político español basado en una especie de dictadura de partidos políticos impide la defensa de un proyecto de país a largo plazo. El cainismo por el voto lleva a la ruina nacional. Intelectuales, empresarios, juristas, ciudadanos con visión y gentes que estarían encantadas de servir, y no servirse, chocan contra el muro anti-democrático de los partidos.

4. En el juego de estrategias electorales, Mariano Rajoy siempre ha estado instalado en la idea de la economía, el bolsillo, es el factor determinante en el voto; por tanto si ahora logra contener el tsunami nacionalista, la gente, aún a disgusto, seguirá votándole.

Pedro Sánchez basa su intento por llegar a Moncloa en la idea de anular al PP y echar como sea a Rajoy; siempre lo ha dejado claro. En este ímpetu, Cataluña es solo una pieza más en el tablero. Debe vigilar que otro izquierdista como Pablo Iglesias no lo desbanque; de ahí que, momentáneamente se haya envuelto en la bandera española.

Pablo Iglesias, como buen agitador comunista, sabe que su coronación sólo puede producirse tras un descontento generalizado fruto de la crisis económica o la corrupción política; cualquier elemento que fomente la desesperación social funcionaría.

Albert Rivera ve en el cinismo y errores de los tres anteriores su oportunidad para presentarse como un candidato transparente y honrado. Su programa, con bandazos a izquierda y derecha, no está claro. Su apoyo a la próxima ley de los transexuales, que permite a los menores cambiar de sexo, y su respaldo al aborto, maternidad subrogada y matrimonio gay, resulta alarmante y demuestra un desconocimiento de la esencia española; así nunca atraerá el voto conservador.

5. En la pugna por Cataluña, el bando nacional, representado por estos cuatro políticos, está desunido y es rehén de conveniencias personales.

Lo más preocupante ha sido la falta de liderazgo del primer ministro español, quien, a pesar de disponer de una mayoría absoluta en el Senado, se ha negado a dar en Cataluña un golpe de autoridad, como le reclamó el Rey y el pueblo soberano. Cierto es que le persigue el espectro de un partido encausado por corrupción y la sospecha de que él mismo se benefició de dinero opaco, pero es, sobre todo, su excluyente obsesión por la economía –con declaraciones tan chocantes como solicitar que vuelvan las empresas a Cataluña– lo que resulta en una pésima gestión del conflicto.

Tres de los cuatro requerimientos para desactivar las estructuras de la sedición –cuales son TV3, los Mossos d'Esquadra y la educación escolar– no se han tocado. Únicamente, se ha aplicado, con reservas, el cese de algunos dirigentes de la Generalitat y el Parlament. Para rematar, un CNI politizado e ineficaz al que se le escapó el president Puigdemont. Rajoy no ha tenido valor para aplicar el artículo 155. No diremos, como destaca el influyente locutor Federico Jiménez Losantos que "Rajoy es parte del golpe de estado", pero sí que está presentando un mal servicio a España

6. Los soberanistas están unidos y animados en su sueño colectivo. En este afán, figuran también Podem de Ada Colau y los socialistas de Miquel Iceta, más proclives, aunque sin admitirlo en público, a una independencia a plazos.

Se trata de un frente compacto, que percibe el artículo 155 como una pequeña incoveniencia, como parte de una larga historia de derrotas. "Perdimos contra Aragón en el siglo XV, contra los borbones en el XVIII y contra Franco en el último siglo; y ahora mientras esté Rajoy no seremos independientes", viene a ser el pensamiento dominante, como bien se expresa en este artículo de OpenDemocracy.net.

Los independentistas actúan con una mentalidad de start up frente a la empresa monopolística y oscura del Estado Español. Quieren ser la Alianza Rebelde contra el Imperio. En este sentido, las 50.000 personas que llenaron sábado 2 el Estadio Olímpico Lluís Companys cantaron y manifestaron con vehemencia su esperanza. ¿Por qué no es posible un concierto con cantautores españoles, porque son de izquierdas? 

7. España, en su conjunto, está aburrida de Cataluña. Como ha apuntado el escritor Rafael Sánchez-Ferlosio: "Esto es más aburrido que un partido con empate a cero... Es un coñazo". En este contexto, sin liderazgo político y con los partidos temerosos de la irrupción de un sentimiento patriótico español, la opción que se impone es la conllevanza, una doctrina que nace de la mente de Ortega, cuando en 1932 afirmó que  "el problema catalán no se puede resolver; sólo se puede conllevar; es un problema perpetuo".

Sin embargo, el discurso orteguiano, que guía la acción política en Cataluña desde hace cuarenta años, es un análisis del pasado a enterrar, por erróneo.

8. La crisis ha abierto una oportunidad única en España para reformar el sistema político y económico, desactivando primero, con inteligencia y astucia, la autonomía catalana y, después, todas las demás, al tiempo que se defiende, e incluso se fomenta, la riqueza cultural de las regiones y antiguos reinos, en el marco de un país fuerte, pro-business, puntero, e integrado, cada vez más, en Europa y como parte de la comunidad hispanohablante de Latinomérica y EE.UU.  

Un nacionalismo español, integrador, amable y compasivo, es la respuesta. Spain First.
 

Mikel Amigot  
Columnista  

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