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Edición número: 7492
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Prosperidad econmica o emociones polticas?


por Mikel Amigot

02/12/2017



(Nueva York, 2 Diciembre 2017)

Los estadounidenses viven pendientes de la economía, mientras que en España prima la política.

De hecho, cuando un españolito aterriza en Nueva York, enseguida pregunta por Trump y se preocupa por cómo sobrellevamos la desgracia. Es normal, pues incluso en las pantallas de inmigración, antes de tropezar con el centurión de la aduana, se emite sin cesar la programación de noticias de CNN, donde raro es que no hablen de Trump, en tono de alarma. Estos días, por ejemplo, uno de los debates se centraba en la salud mental de Trump. Algunos especialistas de prestigio, como un forense del Yale School of Medicine, están urgiendo a una evaluación urgente del presidente al tiempo que piden que se le prohiba acceder al botón nuclear. Esto es también hoy objeto de atención preferente del New York Times

Como para quejarse del abúlico Rajoy cuando en el Nuevo Mundo nos gobierna un esquizofrénico. Sólo un matiz: aquí la política importa poco. EE.UU. encontró su modelo hace 150 años, al terminar la guerra civil, en 1865, y el capitalismo, la bandera, la integridad territorial, la ley y la seguridad nacional y la Constitución no son objeto de debate. Papá Estado provee lo justo, y los ciudadanos están obligados a sacarse las castañas del fuego, trabajando duro y despistándose lo menos posible. Esto incluye limitar la exposición al debate político.

El estadounidense está obligado a ser pragmático: sabe que en Washington siempre enredarán los democrátas o los republicanos, sin que su vida cambie en lo sustancial. Esto es: como si gobernase de por vida, y sin nacionalistas, el PP de Rajoy o de Aznar. En ese escenario nos daría, claro, un ataque de aburrimiento tal que nos centraríamos en trabajar y emprender; en el supuesto claro de que, además, la ley se aplicase, como sucede en EE.UU. 

En definitiva, como indicaba el otro día un analista en FOX, cansado de contrarrestar la matraca apocalíptica sobre Trump: "Americans are not about politics; americans are about production, economics and growth". Así es. Basta con pulsar el termómetro de la calle, y en lugar de llevarse por la retórica política, fijarse cómo va la economía. Y, en este sentido, mejor leer The Wall Street Journal antes que The Washington Post o el Times

¿Entonces, la economía bien? Espectacular. La U.S. economy encara en este final de año su periodo de expansión más acentuado en nueve años de crecimiento. El Dow Jones ha traspasado el umbral de los 24.000 puntos; el consumo, las ventas de casas, las inversiones empresariales están que se salen. El PIB subió el 3,1 % en el segundo trimestre; 3,3 % en el tercero; y por ahí rondará el cuarto. El desempleo, que estaba en el 4,1 % en octubre, puede bajar al 3,5% a finales de 2018. Si además el Congreso aprueba la reducción fiscal de 1,4 trillones de dólares que ha empezado a debatir el Senado, la fiesta será épica.

¿Para qué queremos más? Jobs, jobs, jobs, y fuerte consumo en estas fechas. Si usted está estresado con su vida, entreguese a las compras. Y, si es más caritativo, colabore en comedores para pobres (muchos en Manhattan), o done dinero a las non-profits (ONGs, en España), que eso también desgrava en los impuestos.

Y es que, queridos compatriotas, Occidente es, o debe ser, esto: la aburridísima economía y el pleno empleo. Se trata de crecer en lo económico, generar oportunidades colectivas y que cada cual encauce libremente su vida, feliz o infeliz, ayudando según desee, y no por decreto, a quien menos tiene, y sin amargar la existencia al vecino.

Cuando se buscan emociones políticas al modo venezolano o al modo catalán –ayer con la espeluznante noticia de los muñecos colgados de un puente como hacen los narcos en Guadalajara, México– nos encontramos con que la prosperidad se ve secuestrada por el bienestar inmoral de una casta política que medra fomentando la división y/o alentando conflictos –y, ojo, que, como advierte hoy New York Times, Europa ya tiene la siguiente Catalonia: Córcega, con un movimiento nacionalista que amenaza ahora a los franceses. 

 







 

Mikel Amigot  
CEO, IBL Education  
Columnista  

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