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Edición número: 7242
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Taxistas y apps


por Mikel Amigot

30/11/2017



(Nueva York, 30 Noviembre 2017)

El taxi, en lucha contra las apps Uber o Cabify

Miles de taxistas bloquearon ayer, miércoles 29, puntos neurálgicos de Madrid, Barcelona y otras ciudades españolas y manifestaron su ira con bengalas, petardos y enfrentamientos con la policía.

Pidieron ruidosamente que el Gobierno español imponga cuotas a la estadounidense Uber y la española Cabify, a fin de frenar su fulgurante expansión. 

Los taxistas vienen quejándose de que los poderes públicos los han saeteado a impuestos y regulaciones, y obligándoles a comprar sus licencias a precios astronómicos, mientras, de pronto, los Uber tienen barra libre. 

En los foros de debate de periódicos españoles y redes sociales, la opinión era ayer contraria a los taxistas tradicionales, a los que se acusaban de cobrar mucho al viajero, intentar engañarle, imponerle hábitos radiofónicos, descuidar el aseo y tener vehículos en mal estado. Esto es: el pueblo quiere Uber. 

El Gobierno se defendía, entretanto, argumentando que el caso ahora en manos de los Tribunales. 

Pero los taxistas tienen su punto de razón. Los políticos los han abrasado a tasas y limitaciones, y ahora que soplan vientos digitales se les pide que dejen paso, en nombre de la competitividad y el progreso.

El origen de buena parte de los problemas en España es siempre el mismo: demasiado gasto público improductivo, pues hay que financiar una pavorosa maquinaria política, que se ramifica en cargos electos, comunidades autónomas, asesorías, amigos, medios de comunicación públicos o subvencionados, empresas y organismos fantasma, estructuras y cometidos absurdos, etc.

Curiosamente, aquí nunca se aplican los avances tecnológicos ni reducciones de personal. La automatización y la revolución digital afecta a todos los sectores menos al sector público gastador. 

Como consecuencia, existe una Hacienda confiscatoria y unos Gobiernos a escala nacional, autonómica y municipal necesitados de inyecciones crecientes de cash.  Esto genera injusticia, tensión social, huelgas, desafectos políticos, corrupción, etc.

Y mientras los políticos de uno y otro signo, a lo suyo, aumentando su ejército de estómagos agradecidos.

Los taxistas son unas víctimas más de un país asfixiado, que renquea al haberse situado por encima de sus posibilidades, por causa de gentes colocadas por los partidos políticos. Es éste el único punto de acuerdo entre PP, PSOE, Podemos, Ciudadanos y Nacionalistas: vivamos primero nosotros y nuestros amigos.

Lo sorprendente es que las Administraciones públicas se modernizan e introducen tecnología y apps, pero el número de personas nunca se reduce o se renueva. La respuesta es siempre más gasto público, más presión fiscal.

Para solucionar esto también hay bastantes apps. Si se imponen estas aplicaciones para el sector del taxi y todos los demás sectores, apliquémoslas también para esta nueva casta de políticos y cargos públicos. 


 

Mikel Amigot  
Columnista  

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