"Siembra vientos y cosecharás tempestades", dice
el refranero español, ergo: Siembra ignorancia y
cosecharás insolencia; que esto es lo que se está
cosechando luego de la siembra que desde el siglo
XVI está haciendo el hombre al idealizar y luego,
desde el siglo XVIII sembrar o más bien al
establecer la educación laica; poco a poco el
niño ya salido o liberado de su inocencia pueril
por la metamorfosis de las luces racionales, creadas
por el hombre, desde luego, va avanzando cual émulo
viviente de la IV rima de Bécquer: -"mientras la
humanidad siempre avanzando no sepa a dó camina"-;
por que eso es lo que está haciendo el hombre
imbuido de la educación Laica: Avanzar sin saber do
camina, siendo en este punto menos que las "simples"
aves migratorias pues estas al alzar el vuelo saben
ya, de suyo, cual es su destino, no obstante que este
se encuentre a 14.000 Km de distancia! ¡Oh hombre!
" que ¡coláis el mosquito y tragáis el camello!" Si
en vez de seguir la racionalidad de Hume, Spinoza o
Marx; siguiérais, figuradamente, la senda irracional
del ave migratoria tendríais más oportunidad de ver
la ¡Gloria de Dios!
n escribio:
>
> En los años ochenta, Luigi Giussani habló mucho, y
ciertamente bien, del “confinamiento policial” –les suena lo
de Bélgica, qué horror- de la fe, que se sintetizaba en la
frase: “La religión a la sacristía, a las tumbas, para que
venga después la profanación”. La política, o mejor escrito,
la política con minúscula, la política laicista, inspirada
en una ilustración de mandil relativista, sea del color que
sea, no ha hecho más que pretender que la Iglesia se reduzca
a la mínima expresión de lo que ella determinaba era
políticamente correcto. Como mucho, una ONG.
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