Ante las múltiples pruebas que los cristianos estamos sufriendo –persecuciones y muerte en África, incomprensión y fuertes críticas en Europa, etc.- los cristianos. Nosotros no tenemos miedo del mundo, aunque debemos protegernos de sus seducciones. Debemos temer el pecado y por este motivo estar fuertemente radicados en Dios, solidarios en el bien, en el amor y en el servicio, en la confianza de que las pruebas, que el Señor permite, nos empujarán hacia una mayor fidelidad y coherencia.