El Papa, en el rezo del Ángelus del día 28 de enero, se refirió al Evangelio del día, en el que Jesús predica en la sinagoga de Cafarnaún, la pequeña ciudad en el lago de Galilea en donde vivían Pedro y su hermano Andrés, y en poco tiempo, “su fama se difunde en toda la región, que Él recorre anunciando el Reino de Dios y sanando todo tipo de enfermo: de palabra y de acción. San Juan Crisóstomo hace observar como el Señor ‘alterna el discurso en beneficio de los que escuchan, procediendo de los prodigios a las palabras y pasando nuevamente de la enseñanza de su doctrina a los milagros’”.
En este sentido, subrayó que “la palabra que Jesús dirige a los hombres abre inmediatamente el acceso a la voluntad del Padre y a la verdad de sí mismos”. Y advirtió de que, a menudo, “para el hombre la autoridad significa afán de posesión, poder, dominio, suceso. Para Dios, en cambio, la autoridad significa servicio, humildad, amor; significa entrar en la lógica de Jesús que se inclina para lavar los pies a los discípulos, que busca el verdadero bien del hombre, que mira las heridas, que es capaz de un amor tan grande de dar la vida, porque es el Amor”.
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