A lo largo de estos casi tres meses parece que Rajoy ha protagonizado una hábil estrategia negociadora. Bruselas le pedía que se redujera el déficit al 4,4 por ciento y ha conseguido, después de fijar el objetivo en el 5,8, que se quede en el 5,3. El pasado día 13 de marzo en el Ecofin algunos socios de la Unión se han quejado del trato de favor que ha obtenido España. Es lo que pedía Rubalcaba. Los dos partidos de Gobierno querían lo mismo. Si el PSOE, tan pronto como acaben las andaluzas, no abandona el radicalismo de las últimas semanas, seguirá lejos de los cuatro millones de votantes de centro que ha perdido. La legislatura no ha hecho más que comenzar y el PSOE ganaría legitimidad si en este tiempo en el que hay tanto que refundar, no se empeña en marginalizarse manteniendo posturas propias de una izquierda radical. Parece que todo vale para crear la imagen de que se va a desmantelar la sociedad del bienestar cuando saben perfectamente que si no se toman las medidas inexorablemente se perderá el estado de bienestar.