Pienso, Sr. Director, que las reacciones de los simpatizantes del, hasta ahora, juez Garzón al fallo del Tribunal Supremo están sobrepasado la tolerable línea de la crítica, si es que en una democracia madura cabe la crítica, a una resolución judicial hasta convertirse en una grave ofensiva contra el Poder Judicial con ataques personales a los mismos magistrados. La extrema izquierda y un gran grupo de pseudoprogres, con la agitación reprobable de cargos socialistas, ha demostrado su profunda condición totalitaria y su convicción de que la democracia sólo es legítima en la medida de que sirva a sus fines. Este es un juego sucio contra el Estado de Derecho que creo no puede salir gratis y debería acarrear consecuencias.