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Reseña. Tres historias documentales
 De:  Gerardo Peláez Ramos
 
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Reseñas

Tres historias documentales

Gerardo Peláez Ramos

En el siglo pasado y en lo que va del presente se editaron o reeditaron historias documentales de la Confederación de Trabajadores de México, Confederación Nacional Campesina y Partido Nacional Revolucionario-Partido de la Revolución Mexicana-Partido Revolucionario Institucional, compilaciones de documentos de la Confederación Nacional de Organizaciones Populares y sobre los derechos de la mujer; se publicaron los informes y otros documentos presidenciales, textos fundamentales de la nación mexicana, Guerra de Independencia, Reforma, siglo XIX, siglo XX, Revolución mexicana y cívicos guerrerenses; así como se lanzaron a la luz pública las obras completas, correspondencia u obras selectas de José María Morelos, Benito Juárez, Ignacio Manuel Altamirano, Ignacio Ramírez, Porfirio Díaz, Justo Sierra, Ricardo Flores Magón, Emiliano Zapata, José Revueltas y Vicente Lombardo Toledano.
También se editaron facsímiles de El Despertador Americano, El Correo Americano del Sur, Ilustrador Nacional, Ilustrador Americano, Semanario Patriótico Americano, El Obrero Mexicano, El Obrero Internacional, La Voz del Obrero, Regeneración, El Machete ilegal y Combate, seleccionándose asimismo artículos y notas de Regeneración, Revolución, Nueva Era, El Universal y El Dictamen (Veracruz).
Acerca de las historias documentales de la CTM, CNC y PNR se transcriben aquí unas breves reseñas publicadas en 1982.
1. Historia documental de la CTM

Gerardo Peláez Ramos

ENTRE LOS LIBROS reditados recientemente sobre el movimiento obrero mexicano, destaca Historia documental de la CTM, tomo I, del Instituto de Capacitación Política del Partido Revolucionario Institucional, libro que abarca los años de 1936 a 1937.
El volumen transcribe, en parte, los textos publicados a principios de los años 40 por la propia Confederación de Trabajadores de México, resaltando las declaraciones de la patronal regiomontana con motivo de la huelga de Vidriera Monterrey, las declaraciones de la CGOCM y el célebre programa de 14 puntos enunciado por Lázaro Cárdenas en febrero de 1936, el informe de la gestión del Comité Nacional de Defensa Proletaria, el acta de la elección del Comité Nacional de la central, el discurso de clausura de Lombardo y los Estatutos de la CTM.
Vienen incluidos textos interesantes acerca de la Universidad Obrera de México, los principales movimientos huelguísticos, el problema agrario, la solidaridad internacional, los primeros seis consejos nacionales de la confederación, la lucha contra la carestía y por las nacionalizaciones antiimperialistas y agrarias.
El acta de elección del Comité Nacional deja en claro la correlación de fuerzas existente en el congreso fundacional. Al elegirse al secretario de Organización, Propaganda y Acuerdos se presentó el famoso conflicto entre la mayoría, que apoyaba a Miguel A. Velasco, y la CGOCM, que sostenía la candidatura de Fidel Velázquez. Para allanar las diferencias, a nombre de la CSUM, Valentín Campa retiró la candidatura de Miguel A. Velasco, misma que fue mantenida --en medio de aplausos-- por Breña Alvírez, del SME.
Poco después “se pasa nuevamente a tratar el asunto de las dos secretarías pendientes y el compañero Valentín S. Campa exhorta nuevamente a los delegados a que obren con la mayor prudencia, anunciando que tanto la CGOCM como la Sindical Unitaria están de acuerdo en que el compañero Miguel A. Velasco sea propuesto para la Secretaría de Educación (Gritos de ¡No! ¡No!) y el compañero Fidel Velázquez para la Secretaría de Organización y Propaganda (nuevas protestas, ¡No!, ¡No!).
“El presidente vuelve a rogar a los congresistas que obren con la mayor reflexión, procurando evitar dificultades a la nueva central y, en medio del desorden, procede a tomar nuevamente la votación, la que deberá estar de acuerdo con la forma propuesta por el compañero Campa”. (pp. 96-97).
La división en el IV Consejo (abril de 1937) queda ilustrada con la visión de Lombardo, excluyendo, como en la primera edición, la posición de los comunistas y sus aliados. Según Lombardo permanecieron en la asamblea 3 mil 183 agrupaciones con 599 mil 641 socios y se hallaban ausentes doce organizaciones con 141 mil 360 miembros. Lo cierto es que sesionaban en el domicilio social del STFRM más agrupaciones que las mencionadas por el secretario general de la CTM y con un número superior de afiliados al de los que continuaban en el local inicial.
Decía Lombardo en su discurso ante el IV Consejo: “El problema de fondo es éste: que los compañeros del Partido Comunista no han querido entender que la CTM es un frente único del proletariado, un frente general del proletariado y no una organización homogénea…” (p. 342).
“Este afán del control mecánico de las directivas, y el aumento ruidoso, el aumento poco discreto de sus contingentes o socios, es lo que ha provocado fundamentalmente la desconfianza de la gran mayoría de los trabajadores y en los dirigentes sindicales que no están de acuerdo con la forma de proceder de estos camaradas del partido…” (p. 343)
El máximo líder cetemista planteaba que la política del PCM no coincidía con la del VII Congreso de la Internacional Comunista.
En otras páginas se exponen diversos choques, por los más distintos asuntos, entre el grupo de Fidel Velázquez y los comunistas.
La Historia documental de la CTM es valiosa por sus materiales, no obstante su presentación, pues el prólogo de Roberto Torres incurre en muchas inexactitudes. Por ejemplo, manteniendo el error común de Hinton, Ashby y otros, señala como días de fundación de la central del 26 al 29 de febrero, cuando lo real es que el congreso constituyente se realizó del 21 al 24 (ver el discurso de proclamación de la CTM de Juan Gutiérrez, p. 102, y los Estatutos, p. 108). Torres afirma que el CNDP se creó “como apoyo al régimen de Lázaro Cárdenas”, violentando así la realidad histórica, y sostiene asimismo que en la actualidad la CTM tiene afiliados “en todas las ramas industriales”, idea inexacta a todas luces.
Por otra parte, Eduardo Segovia, en su nota introductoria, ni siquiera escribe correctamente los nombres completos de la CROM y la FSTDF. Sin embargo, a pesar del prólogo y la nota introductoria, la obra resulta útil para los interesados en el sindicalismo nacional.
***Historia documental de la CTM, t. I. 1936-1937, México, ICAP PRI, 1981, 582 pp.
UnomásUno, 13-I-82

2. Historia documental de la CNC

Gerardo Peláez Ramos

EN LOS ÚLTIMOS 15 años, la investigación sobre el movimiento campesino mexicano ha aumentado considerablemente. Autores como Romana Falcón, Heather Fowler Salamini, Francisco A. Gómez-jara, Gerrit Huizer, Armando Bartra y Cuauhtémoc González Pacheco abordan períodos, procesos regionales y organizaciones posteriores al triunfo del grupo de Sonora, mientras Jean Meyer, T. G. Powell y otros estudian momentos y fenómenos del desarrollo campesino en el siglo pasado y principios del presente.
Entre los textos de reciente aparición acerca del movimiento campesino, sobresale Historia documental de la Confederación Nacional Campesina, tomo 1. 1938-1942, editada el año pasado por el Instituto de Capacitación Política del Partido Revolucionario Institucional, con presentación de Víctor Cervera Pacheco y prólogo de Guillermo Morfín García.
Se inicia la antología con el acuerdo del 9 de julio de 1935 del presidente Lázaro Cárdenas para constituir la CNC, el cual pone en claro el decidido carácter oficialista de la nueva organización campesina. Decía el caudillo michoacano: “Por tal motivo, el Ejecutivo de mi cargo ha tenido a bien acordar lo siguiente:
“El Comité Ejecutivo Nacional del Partido Nacional Revolucionario, procederá tan luego como reciba las presentes instrucciones a formular el plan de acción que considera conveniente, de conformidad con los principios más avanzados de la revolución social mexicana, a efecto de organizar a los campesinos dotados de tierras por el gobierno federal y aquellos cuyas solicitudes de dotación o restitución de tierras se encuentran en tramitación…” (p. 44)
Más adelante agregaba: “El Departamento Agrario y demás dependencias del Poder Ejecutivo Federal y de los estados, darán al Comité Ejecutivo Nacional del Partido Nacional Revolucionario todas las facilidades conducentes para el desarrollo de los propósitos indicados”. (p. 45)
La compilación transcribe las convocatorias para constituir las ligas de comunidades agrarias y sindicatos campesinos del Distrito Federal, Chiapas, San Luis Potosí, Tabasco, Yucatán, Quintana Roo y Oaxaca.
En el Congreso Constituyente de la CNC, Luis I. Rodríguez, presidente del Comité Central Ejecutivo del PRM, expresó: “Hoy funcionan las reservas agrarias y cada día serán más numerosas y responsables. A esto último sin duda contribuirá muy poderosamente la Confederación Nacional Campesina, que al demandar la entrega de armamento a las comunidades que vayan organizándose para estar en condiciones de recibirlo, se erigirá en garante de que los elementos de guerra serán empleados de modo exclusivo para repeler agresiones y mantener el orden; nunca para volverse contra el pecho de los agraristas, ni para consolidar cacicazgos, o dirimir rencillas”. (p. 102)
Graciano Sánchez, secretario general de la Confederación Nacional Campesina, planteó en el congreso fundacional de la CNC: “La revolución, en su aspecto agrario, tiene que liquidar toda subordinación económica del hombre hacia otro hombre y, en consecuencia, el ejido deberá convertirse en la única forma económico-técnica de explotación de la tierra en México…” (p. 110)
En otra parte de su informe, el profesor Sánchez expuso cómo las relaciones con el movimiento obrero no habían sido fáciles (recuérdese que, hasta la fundación de la CTM, las centrales y federaciones sindicales eran obrero-campesinas).
En su Declaración de Principios, la CNC afirmaba: “Para lograr este objeto, actuará dentro de un franco espíritu de lucha de clases, sostendrá que la tierra y sus frutos pertenecen a quienes los trabajan…” (p. 128)
(Se proponía luchar) “por conseguir que la enseñanza tenga una orientación que arranque de las doctrinas del socialismo científico…” (p. 129)
“La confederación propugnará por la socialización de la tierra y de los demás medios de producción agrícola, para que no haya un solo campesino mexicano que carezca de los elementos necesarios a conseguir…” (p. 130)
Se reditan algunos documentos sobre diversos temas, y la lucha campesina contra el fascismo y el sinarquismo. Como apéndice, la antología incluye síntesis biográficas de Úrsulo Galván y Graciano Sánchez, y el acta constitutiva de la Liga de Comunidades Agrarias del Estado de Veracruz.
Como podrá observarse, la obra se centra en la política oficial y en los aspectos organizativos y programáticos del movimiento campesino, haciendo abstracción, parcialmente, de la lucha de masas.
***Historia documental de la Confederación Nacional Campesina, t. I. 1938-1942, México, ICAP PRI, 1981, 336 pp.
UnomásUno, 18-III-82

3. Historia documental del PNR

Gerardo Peláez Ramos / I

ENTRE LOS LIBROS antológicos sobre la política contemporánea de nuestro país, recientemente lanzados a la luz pública, es de destacar la Historia documental del Partido de la Revolución, tomo 1, PNR, 1929-1932, del Instituto de Capacitación Política del Partido Revolucionario Institucional, prologada por el senador Guillermo Morfín García y compilada por los cuadros priistas Régulo Cortés Lázaro, Héctor Murillo Cruz y Fedra Josefina S. de Palacios.
Se inicia la transcripción de documentos con el célebre Mensaje político del presidente Plutarco Elías Calles en su Informe de Gobierno al Congreso de la Unión, el 1 de septiembre de 1928, en el cual planteó: “Todo esto determina la magnitud del problema; pero la misma circunstancia de que quizá por primera vez en su historia se enfrenta México con una situación en la que la nota dominante es la falta de ‘caudillos’, debe permitirnos, va a permitirnos orientar definitivamente la política del país por rumbos de una verdadera vida institucional, procurando pasar, de una vez por todas, de la condición histórica del ‘país de un hombre’ a la de ‘nación de instituciones y de leyes…” (pp. 27-28)
“Nos hallamos ya los revolucionarios suficientemente fuertes; tenemos ya conquistas en la ley, en la conciencia política y en los intereses de las grandes mayorías, posiciones de combate por hoy indestructibles, para no temer a la reacción…” (p. 32)
Y agregaba el Jefe Máximo: “…la entrada definitiva de México al campo de las instituciones y de las leyes, y el establecimiento, para regular nuestra vida política, de reales partidos nacionales orgánicos, con olvido e ignorancia, de hoy en adelante, de hombres necesarios como condición fatal y única para la vida y para la tranquilidad del país”. (p. 33, subrayados míos, GPR)
En la compilación quedan incluidos el primero y segundo manifiestos del Comité Organizador del Partido Nacional Revolucionario, la Convocatoria, Declaración de Principios, Programa, Estatutos del PNR y las actas de la Gran Convención de Querétaro.
En la convocatoria se indicaba: “La convención del 1º de marzo servirá para sellar el pacto nacional de unión y solidaridad de todos los elementos fieles a la Revolución mexicana; y para resolver, en acuerdo libre, honorable y solemne, el problema político inmediato de una sucesión presidencial pacífica…” (p. 50)
Ante el anuncio de Aarón Sáenz de no asistir a la convención, Manlio Fabio Altamirano informó: “Yo vengo a hacer conocer a esta asamblea, y por conducto de ella a la nación entera, que todos los actos del Comité Organizador, desde el principio hasta el registro de la última credencial de delegado, fueron presenciados por los dos pre-candidatos Ortiz Rubio y Aarón Sáenz y en su defecto por sus respectivas representaciones”. (p. 99)
Filiberto Gómez, presidente de la convención, manifestó: “Hoy cuatro de marzo de mil novecientos veintinueve, declaro formal y legítimamente constituido el Partido Nacional Revolucionario”. (p. 136)
De los textos seleccionados, hay uno invaluable: el decreto de Portes Gil sobre el financiamiento del partido oficial, del 25 de enero de 1930, en el cual señalaba: “…he tenido a bien disponer que todo el personal civil de la administración pública dependiente del Poder Ejecutivo Federal contribuya con 7 días de sueldo, durante cada año…” (pp. 147-148). Por esto, el PNR fue llamado el “partido de los 31”.
En el discurso del 27 de mayo de 1930, Portes Gil, presidente del CEN del PNR, sostuvo: “El PNR es francamente un partido gobiernista, no vamos a engañar a la opinión pública, como se ha engañado en épocas anteriores, presumiendo que el PNR será un partido independiente, la revolución hecha gobierno necesita de un órgano de agitación y defensa del gobierno. El PNR se enorgullece de ser ese órgano de agitación y defensa del gobierno…” (p. 150)
Vienen insertos el discurso anticromiano de Portes Gil de agosto de 1930, las famosas conferencias de Luis Cabrera y las respuestas de Cárdenas, Pérez Treviño y Ortiz Rubio, los documentos de la crisis política de 1932 y de la Convención de Aguascalientes del PNR de octubre del mismo año.
En la iniciativa de reforma (luego aprobada) de la Constitución, del 10 de noviembre de 1932, se proponía: “Art. 83… El ciudadano que haya desempeñado el cargo de Presidente de la República, electo popularmente o con el carácter de interino, provisional o sustituto, en ningún caso y por ningún motivo podrá volver a ocupar ese puesto”. (p. 374). Firmaban el proyecto Manuel Pérez Treviño y Fernando Moctezuma.
Historia documental del Partido de la Revolución es, independientemente de la falta notoria de algunas llamadas a pie de página que explicaran y ubicaran ciertos textos, una obra que no debe faltar en la biblioteca de ningún militante político interesado en el pasado reciente de México.
***Historia documental del Partido de la Revolución, tomo 1, PNR, 1929-1932, México, ICAP PRI, 1981, 396 pp.
UnomásUno, 1-II-82

Historia documental del PNR

Gerardo Peláez Ramos / II y último

EL TOMO II DE la Historia documental del Partido de la Revolución, editada por el ICAP del PRI, aborda el año 1933, centrándose en la Segunda Convención Nacional Ordinaria del Partido Nacional Revolucionario, con un apéndice que incluye la correspondencia de ésta, las iniciativas sostenidas en la tribuna e incorporadas a las resoluciones, el reglamento de la convención, el proyecto y el texto final del Plan Sexenal y los Nuevos Estatutos.
La presentación está a cargo de Miguel de la Madrid y el prólogo lo escribe Héctor Murillo Cruz.
El 1 de junio de 1933 se lanzó la convocatoria del CEN del PNR a la Convención, misma que tuvo lugar del 3 al 6 de diciembre de ese año, en la ciudad de Querétaro.
En la reunión penerreana campeó un espíritu anticlerical. Así, Arnulfo Pérez expresó: “…modifiquemos el artículo 3º. Constitucional, para que la revolución, convertida en escuela racionalista, pueda combatir al clero, a la religión y digámoslo francamente: ¡para que pueda combatir a ‘Dios’!... (p. 123)
“El Partido Nacional Revolucionario propugnará porque se lleve a cabo la reforma del artículo 3º de la Constitución Política Federal, a fin de que se establezca en términos precisos el principio de la que la educación primaria y la secundaria se impartirán directamente por el Estado o bajo su inmediato control y dirección, y de que, en todo caso, la educación en esos dos grados deberá basarse en las orientaciones y postulados de la doctrina socialista, que sustenta la Revolución mexicana. (Aplausos)”. (p. 125). Esta tesis quedó plasmada en el Plan Sexenal.
El 6 de diciembre, la Convención proclamó la candidatura del general Lázaro Cárdenas y concluyó sus trabajos.
Entre las iniciativas presentadas y que se incluyeron en las resoluciones, quedó el proyecto de la Liga Nacional Campesina, que sostenía: “Que se considere con derecho a ejidos a los peones acasillados de las haciendas”. (p. 231)
“I. Que exista solamente una Liga Nacional Campesina, disciplinándose a ella en materia social, las organizaciones estatales que se denominan ligas de comunidades agrarias.
“II. Que exista una Cámara Nacional del Trabajo, disciplinándose las cámaras estatales en materia social a ésta”. (p. 231)
El Plan Sexenal planteó: “Consiguientemente, el ideal agrario contenido en el artículo 27 de la Constitución General de la República seguirá siendo el eje de las cuestiones sociales mexicanas, mientras no se hayan logrado satisfacer, en toda su integridad, las necesidades de tierras y aguas de todos los campesinos del país.
“El Partido Nacional Revolucionario señala como primordial y apremiante obligación, y contrae el compromiso de su rápido cumplimiento, el seguir dotando de tierras y aguas, sin excepción alguna, a todos los núcleos de población que carezcan de ellas o no las tengan en cantidad bastante para satisfacer sus necesidades, de acuerdo con el artículo 27 constitucional”. (p. 342).
Sobre el problema sindical, el plan del partido oficial decía: “Sexto. Frente a la lucha de clases inherente al sistema de producción en que vivimos, el partido y el gobierno tiene el deber de contribuir al robustecimiento de las organizaciones sindicales de las clases trabajadoras; y en caso de conflictos intergremiales, las diferencias serán resueltas dentro de un régimen de mayorías. El Estado velará, asimismo, porque los sindicatos desempeñen lo más eficazmente posible la función social que les está encomendada, sin que puedan salirse de sus propios límites y convertirse en instrumentos de opresión, dentro de las clases que representan”. (pp. 351-352)
Acerca de la economía nacional quedó inscrito en el Plan Sexenal: “…el Partido Nacional Revolucionario considera que México se ve obligado, a su vez, a adoptar una política de nacionalismo económico, como recurso de legítima defensa, sin que contraiga por ello ninguna responsabilidad histórica”. (p. 353)
En torno a la cuestión del petróleo, el plan del PNR afirmaba: “Se evitará el acaparamiento de terrenos y se ampliarán las zonas nacionales de reserva petrolera a fin de que en todo tiempo se cuente con una reserva fija de terrenos petrolíferos que cubra las necesidades futuras de nuestro país”. (p. 354)
Con la elaboración del Plan Sexenal se sentaban las bases para organizar una política nacionalista y de reformas estructurales. El ascenso de masas durante el cardenismo --elemento número uno del proceso-- conduciría a que el petróleo fuera nacionalizado, a que se llevara a un nuevo nivel la reforma agraria y a que se construyeran las grandes organizaciones sociales de los trabajadores. Las tareas de la Revolución mexicana, fueron concluidas en lo fundamental.
Por todo lo señalado, Historia documental del Partido de la Revolución es una obra que todos los interesados en el desarrollo político mexicano deben leer.
***Historia documental del Partido de la Revolución, t. II. PNR 1933, México, ICAP PRI, 1981, 404 pp.
UnomásUno, 2-II-82


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