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La Administración Bush está decidida a desterrar todo rastro de indecencia de la TV y el cine, y para ello está relanzando una ofensiva, que ha tenido en noviembre una primera víctima ejemplarizante: Edward J. Wedelstedt, conocido en el sector como Mr. Big, condenado a 13 meses de cárcel por fraude y distribución de películas X. "Esto es un aviso para otros", ha dicho el asistente del Fiscal General.
Washington tiene en el punto de mira a la industria del entretenimiento, desde los productores de Hollywood a los hoteles, que crea contenidos pornográficos. La ofensiva incluye la creación en el Departamento de Justicia de Obscenity Prosecution Task Force (una división para combatir la obscenidad), una brigada anti-porno en el FBI, una vigilancia más rigurosa a cargo del FCC y una legislación contra la indecencia.
Ya el año pasado, a raíz del episodio del pecho al descubierto de Jannet Jacson durante el intervalo del partido de la Superbowl, la observación se acentuó, y las networks extremaron el cuidado, a fin de evitar fuertes multas, pérdida de anunciantes y descrédito social (1,4 millones de quejas y denuncias se interpusieron ante la FCC en 2004).