Cuando los estudiantes de la Escuela Hogwarts de Hechicería y Magia salen volando montados en sus escobas, la mayoría de los adoradores de Harry Potter piensa en "magia". Charlene Haviland, en cambio, piensa en "aerodinámica", informa AP.
Y cuando el profesor Albus Dumbledore chasquea sus dedos para encender las luces, la maestra de escuela se entusiasma por la perspectiva de explicar cómo funciona el control remoto.
Haviland tendrá su oportunidad dentro de unos pocos meses, cuando enseñe un programa escolar de recuperación para alumnos de octavo grado que combinará la lectura con el estudio de la ciencia en los libros de Harry Potter. Usará un libro por semestre, de modo que los alumnos no llegarán al último de la serie, "Harry Potter and the Half-Blood Prince", anunciado para el 16 de julio.
El programa en la escuela de una zona urbana deprimida es financiado con una subvención de 82.000 dólares de la American Honda Foundation otorgada a Haviland y a George Plitnik, un profesor de física de la Universidad Estatal de Frostburg en Maryland.
Haviland solicitó la subvención, que incluye fondos para equipo de laboratorio, y recabó la ayuda de Plitnik porque está familiarizado con el tema.
Plitnik enseñó ciencia en base a los libros de Harry Potter durante dos años, primero en una clase reducida y el año pasado en un curso que atrajo a 90 estudiantes en dos semestres.
"Hay mucha ciencia que parece magia", comentó Plitnik, que a veces ha aparecido en clase con un disfraz de mago.
Esa misma magia impulsó a Haviland a encontrar su vocación. Cuando estudiaba en la Southern Oregon University se inscribió en una clase de química cuyo profesor fue toda una inspiración.
"Siempre se tropezaba con todo y parecía distraído, pero era notablemente inteligente", recordó. "Y siempre nos presentaba demostraciones. No nos decía cómo funcionaban, sino que por créditos extra podíamos tratar de descifrarlas".
Ella empezó a tratar de solucionar los misterios.
"Yo no era una estudiante brillante de química, pero me enganché", dijo. "Cuando uno mezcla estos dos líquidos, ¿por qué se tornan azules?"
A su vez, ella quiso inspirar a otros del mismo modo. Como estudiante avanzada montó actos de magia destinados al público infantil para demostrar _y explicar_ reacciones químicas.
Podía lograr que dos líquidos claros se tornasen negros. En algunos experimentos, podía pronosticar cuándo las sustancias cambiarían de color; en otros, los cambios eran impredecibles.
"Quería que los niños viesen que la química no era nada temible, que era realmente interesante", explicó. "Cuando vayan a la secundaria y tengan la opción de cursar química, quizás se animarán a hacerlo".
Con el programa de recuperación escolar, Haviland se planteaba un desafío adicional: mejorar las puntuaciones de lectura y escritura de sus alumnos en los exámenes estandarizados. Escogió los libros de Harry Potter porque han apasionado a niños que habitualmente no son aficionados a la lectura.
Para una discusión sobre las escobas voladoras utilizadas en el juego de Quidditch, dijo Haviland, "incluso podemos apelar al principio de Bernoulli y explorar cómo podemos proyectar el vuelo de una escoba al vuelo de los aviones, y por qué algunos vuelan mejor que otros".
Aunque inicialmente sólo quería usar a Harry Potter, Haviland amplió el programa para incluir otros libros con la esperanza de evitar críticas de grupos conservadores cristianos y otros que creen que los libros de J.K. Rowling promueven la hechicería.
Hasta ahora el programa de Haviland no ha provocado controversias, pero admitió que "yo no quería pelear. Quería asegurarme de que (el programa) fuera a usarse".
El grupo Padres contra los libros negativos en la escuela, con sede en el condado de Fairfax, enumera la serie de Harry Potter en el puesto 48 en su lista de los 100 libros que han suscitado más quejas. Pero está muy por debajo de clásicos como "Matar un ruiseñor" de Harper Lee o "Las aventuras de Huckleberry Finn" de Mark Twain.
Haviland dijo que su programa debería tranquilizar a quienes se preocupan por supuestos mensajes de brujería.
"Aquí están los principios científicos subyacentes", afirmó.
Haviland y Plitnik tienen explicaciones para algunos de los pasajes aparentemente más descabellados en los libros de Harry Potter.
Levitar un sapo, por ejemplo. Haviland cita la obra de científicos holandeses y británicos en la Universidad de Nijmegen que pudieron levitar un sapo usando imanes. En su curso, Plitnik usa un imán giratorio que se levita.
Luego está Fluffy, el perro tricéfalo. "Podríamos lograrlo", dijo Plitnik, refiriéndose a los avances en la ingeniería genética.
Antes de que Honda otorgase la subvención, un representante observó una clase en la que Haviland leyó a sus estudiantes un libro del Dr. Seuss, "Bartholomew and the Oobleck". Luego compaginó un "oobleck" con maicena y una sustancia más fina, "gak", e hizo que los alumnos comparasen ambos.
"Los chicos participaron y estaban usando ciencia", dijo Donna Hammond Cotton de Los Angeles, encargada de programas en la fundación Honda. "No se suponía que fuesen buenos lectores, pero leían de todos modos".
Hammond Cotton dijo estar sorprendida al enterarse después que en la clase había alumnos con incapacitaciones.
"Ella es una maestra notable", sentenció.