Estados Unidos se enfrenta al "mayor esfuerzo de reconstrucción de su historia", tras las consecuencias del huracán "Katrina", que dejó 1.833 muertos en la región de la costa del golfo de México, 1.464 en Nueva Orleans, hace hoy un año.
Doce meses después de la tragedia, tan solo 200.000 del casi medio millón de habitantes ha regresado a Nueva Orleans, la ciudad más castigada por el huracán. Allí se han perdido unos 180 mil puestos de trabajo, el 60 por ciento de los negocios sigue sin abrir sus puertas, tan solo la mitad de las escuelas han reanudado las clases y solo 3 de los 10 hospitales de la ciudad funcionan.
El presidente George Bush, cuya popularidad se vio seriamente afectada por la respuesta de su gobierno al desastre, inicio ayer su decimotercera visita a las zonas más devastadas, entre ellas Gulfport y Biloxi, en el estado de Misisipi, y Nueva Orleans, en Luisiana adonde llegará hoy mismo.
En su discurso en Biloxi, un optimista George Bush reiteró su compromiso para la reconstrucción de la zona.
“Percibo el callado sentimiento de determinación que va a configurar el futuro de Misisipi, por lo que he venido aquí para agradeceros vuestro coraje y para deciros que el gobierno federal está todavía con vosotros”.
Bush subrayó los 110.000 millones de dólares en ayudas que el Congreso aprobó para que el Ejecutivo acometa la reconstrucción. El Gobierno ya ha concedido 77.000 millones de esta cantidad a las autoridades estatales y locales, aunque casi la mitad, 44.000 millones, todavía no han sido gastados.
El Cuerpo de Ingenieros del ejército ha reforzado más de 350 kilómetros de muros y diques en Nueva Orleans.
El Coordinador de la reconstrucción de la zona, Don Powell, nombrado por Bush, asegura que los diques están preparados para aguantar otro huracán, una opinión que no es compartida por la clase política ni por los expertos.
La agencia federal para la gestión de emergencias, FEMA, sostiene que tiene todo listo para la llegada del próximo huracán pero sólo el futuro demostrará si la afirmación es cierta.