La industria espacial rusa, con imaginación como paliativo a su eterna falta de recursos, aceptó el desafío de un fabricante canadiense de equipos de golf de ejecutar desde el espacio el 'drive' más largo de la historia.
El cosmonauta Pavel Vinogradov jugará a ser Tiger Woods durante una de las tres salidas al espacio de la Estación Espacial Internacional (ISS, por sus siglas en inglés) previstas en los próximos seis meses.
Desde una plataforma espacial, Vinogradov tratará de poner en órbita una pelota de golf con la ayuda de un hierro seis especial, chapado en oro.
Si todo sale según lo previsto, la pelota debería de girar alrededor de la tierra durante unos cuatro años, recorriendo hasta 3.360 millones de kilómetros antes de desintegrarse en la atmósfera.
Con ello, se "pulverizarían todos los récords de distancia" en materia de golf, presume Element 21 Golf, la sociedad canadiense que patrocina este "golpe" orbital.
La pelota estará equipada además con una pequeña emisora de radio que permitirá a los seguidores del deporte localizarla desde su ordenador personal.
Ya en 1971 el astronauta estadounidense Alan Shepard había efectuado dos 'swings' en la luna, donde la gravedad es una sexta parte de la de la tierra. La pelota se propulsó entonces a "millas y millas" de distancia.
La situación es más favorable desde la órbita de la ISS que gira alrededor de la tierra a 350 kilómetros de altura, lo que implica que la gravedad es despreciable y la fricción nula.
Pero, según señalan los golfistas experimentados, propulsar la pequeña pelota blanca con la fuerza adecuada y en la direción correcta es mucho más complicado de lo que parece, incluso en un cesped terrestre.
Qué decir entonces si el esfuerzo debe ser aplicado por un cosmonauta atrincherado bajo un pesado traje que no permite ninguna flexibilidad a las articulaciones.
Algunos se muestran preocupados porque la pelota, en el caso de que sea mal golpeada, impacte en la estación espacial, con consecuencias incalculables.
Jean-Michel Contant, secretario general de la Academia Internacional de Astronautas (IAA) sugiere que las botas de Vinogradov se fijen a la plataforma y que se entrene antes de dar el gran golpe.
Esta intentona publicitaria requiere todavía del visto bueno de la NASA estadounidense, responsable de la construcción y la gestión de la ISS.