Los fabricantes de violines en Italia tocan al son del mundo

Lunes, 7 agosto 2006
IBLNEWS, AGENCIAS

Para confeccionar un violín que dure varios siglos se necesita arce rojo, un mes de minucioso trabajo y un toque mágico que convierte a la madera en el instrumento que más se parece a la voz humana.

El maestro luthier Antonio Stradivari siguió esta receta hace 300 años y así es como se hacen hoy los violines en su ciudad natal, Cremona, en el norte de Italia.

Pero los fabricantes de violines están sufriendo la competencia de las falsificaciones venidas desde Asia.

"Cremona todavía es la capital de la fabricación de violines. Puedes sentirlo al pasear por sus viejas calles adoquinadas y al espiar en sus talleres", afirma Gian Domenico Auricchio, director del consorcio de fabricantes de violines de la ciudad.

"Pero la falsificación ha alcanzado al sector de la fabricación de violines y el perjuicio para nuestra imagen es grande", añade.

Cremona consiguió fama mundial entre los siglos XVI y XVIII por su pericia en la fabricación de violines. Hoy en día, los violines fabricados en esa época tienen mucho valor económico. En mayo, un violín Stradivarius de 1707 se vendió por 3,54 millones de dólares (2,75 millones de euros) en Christie's, convirtiéndose en el instrumento más caro vendido en una subasta.

VIOLINES POR DOCENAS

La supremacía de Cremona en aquellos tiempos no tenía parangón, pero los artesanos tienen que adaptarse a un mundo que cambia muy rápidamente.

"Los fabricantes de violines tiene que aprender a enfrentarse a la globalización", apunta Giorgio Scolari, que ha sido profesor de la Escuela de Fabricación de Violines durante más de 30 años.

"Los fabricantes de violines chinos los sacan por docenas y su oficio está empezando a mejorar", añadió. "Debemos concentrarnos en la calidad, tanto en la distribución como en el sonido".

Mientras que un violín nuevo hecho en Cremona puede alcanzar los 12.000 euros, uno asiático sólo cuesta unos pocos cientos de euros.

Las importaciones baratas son una amenaza, pero la más importante es la falsificación.

"La gran mayoría de los violines falsificados provienen del Lejano Oriente", dice Auricchio. "Las 'víctimas' son músicos y estudiantes inexpertos que aprenden a tocar con instrumentos que no tienen la calidad necesaria".

Para proteger su tradición, los maestros de Cremona han creado una marca de calidad y una sofisticada base de datos que les permite rastrear sus instrumentos en todo el mundo.

Los maestros luthiers de la ciudad sólo pueden realizar un máximo de 15 violines al año y deben conservar las virutas de cada instrumento para demostrar su autenticidad.

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